LA CIGARRA ( cuento ) Enrique Banchs (1888-1968) Cuando hace sol y silencio y en la sombra de los emparrados tiemblan manchas claras, canta un largo rato la cigarra. Con su ruido de leño en el fuego, de alero viejo, de eje de carreta, la cigarra sobresalta la paz del mediodía. Y la gente, que reposa, levanta la cabeza como si oyese hablar a los árboles. Nunca se la ve. Es la música escondida de las leyendas, la música del gnomo. Uno se acerca al álamo, donde cree que suenan manojos de espigas agitadas y no ve más que retoños, ramas nuevas, dos o tres hormigas y en lo alto, muy alto, los puñados de nidos. Porque el canto de la cigarra siempre está lejos. Delante o detrás, el canto de la cigarra siempre está lejos. Ay!, quien la quiera hallar siguiendo su canto, tiene que caminar, caminar, como si fuera tras de la felicidad. Y quién sabe si antes no encuentra a la felicidad, sentada en un mármol, con los dedos entrelazados sobre la rodilla y tres o cuatro rosas cerca de sus plantas...
La sentencia [Minicuento - Texto completo.] Wu Ch’eng-en 吴承恩 Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo. Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido. Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes, que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron ...