Ir al contenido principal

Las causas

 

  1. Las causas

    Los ponientes y las generaciones. 
    Los días y ninguno fue el primero. 
    La frescura del agua en la garganta 
    de Adán. El ordenado Paraíso. 
    El ojo descifrando la tiniebla. 
    El amor de los lobos en el alba. 
    La palabra. El hexámetro. El espejo. 
    La Torre de Babel y la soberbia. 
    La luna que miraban los caldeos. 
    Las arenas innúmeras del Ganges. 
    Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña. 
    Las manzanas de oro de las islas. 
    Los pasos del errante laberinto. 
    El infinito lienzo de Penélope. 
    El tiempo circular de los estoicos. 
    La moneda en la boca del que ha muerto. 
    El peso de la espada en la balanza. 
    Cada gota de agua en la clepsidra. 
    Las águilas, los fastos, las legiones. 
    César en la mañana de Farsalia. 
    La sombra de las cruces en la tierra. 
    El ajedrez y el álgebra del persa. 
    Los rastros de las largas migraciones. 
    La conquista de reinos por la espada. 
    La brújula incesante. El mar abierto. 
    El eco del reloj en la memoria. 
    El rey ajusticiado por el hacha. 
    El polvo incalculable que fue ejércitos. 
    La voz del ruiseñor en Dinamarca. 
    La escrupulosa línea del calígrafo. 
    El rostro del suicida en el espejo. 
    El naipe del tahúr. El oro ávido. 
    Las formas de la nube en el desierto. 
    Cada arabesco del calidoscopio. 
    Cada remordimiento y cada lágrima. 
    Se precisaron todas esas cosas 
    para que nuestras manos se encontraran.

  2. Jorge Luis Borges

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dios, el mamboretá y la mosca

  Dios, el mamboretá y la mosca   Los griegos lo llamaban “El profeta”. Y el entomólogo Fabre, a quien debo esta información erudita, lo llamó “el tigre de los insectos”. Con tales antecedentes acerca de su condición entre criminal y sagrada, lo encontré un día sobre la mesa de un bar próximo a la Boca. Me senté y estuve a punto de preguntarle, con la voz crédula de los niños: “Mamboretá, ¿dónde está Dios?”. Esta vieja pregunta subyace en la obstinación de filósofos y teólogos por hallar un orden secreto, o al menos una motivación invisible (que podría ser arbitraria), en el caótico devenir del cómo y del por qué ha dado lugar a discutidas murmuraciones, que pretenden dirimir responsabilidades cósmicas. Según una insinuación del poeta Fernando Lorenzo, “se le ve al hombre el hilo con que Dios lo maneja”. ¿Pero dónde está Dios, mamboretá? El mamboretá responde a esta pregunta señalando el cielo con las patas delanteras. Algunos sospechan, sin embargo, que su respu...

LA CIGARRA - Enrique Banchs

  LA CIGARRA ( cuento ) Enrique Banchs (1888-1968) Cuando hace sol y silencio y en la sombra de los emparrados tiemblan manchas claras, canta un largo rato la cigarra. Con su ruido de leño en el fuego, de alero viejo, de eje de carreta, la cigarra sobresalta la paz del mediodía. Y la gente, que reposa, levanta la cabeza como si oyese hablar a los árboles. Nunca se la ve. Es la música escondida de las leyendas, la música del gnomo. Uno se acerca al álamo, donde cree que suenan manojos de espigas agitadas y no ve más que retoños, ramas nuevas, dos o tres hormigas y en lo alto, muy alto, los puñados de nidos. Porque el canto de la cigarra siempre está lejos. Delante o detrás, el canto de la cigarra siempre está lejos. Ay!, quien la quiera hallar siguiendo su canto, tiene que caminar, caminar, como si fuera tras de la felicidad. Y quién sabe si antes no encuentra a la felicidad, sentada en un mármol, con los dedos entrelazados sobre la rodilla y tres o cuatro rosas cerca de sus plantas...